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A partir del siglo XVI, según se recoge en los estudios de Dionisio Ortiz Juárez, empiezan a comprobarse síntomas de organización gremial entre los plateros cordobeses, coincidiendo con su "insubordinación" ante el Cabildo de la Ciudad para determinadas cuestiones en las que esperaban actuar con independencia. Consiguen así, y ello es prueba de su fuerza social, ser ellos mismos quienes examinen y den la aprobación a los nuevos miembros del gremio, y elegir a los "fieles contrastes", que representaban a la administración y nombraba como inspectores el Ayuntamiento. Paralelamente, y a partir de 1503, nace la Cofradía de San Eloy, de un carácter eminentemente religioso y humanitario, que acabará convirtiéndose en la única entidad profesional del gremio.

El gremio de los plateros cordobeses ha sido, ayer y hoy, una organización de patronos, porque en los pequeños talleres rara vez tenía cabida un oficial: bastaban los familiares y aprendices. El que quería ejercer esta profesión lo solicitaba del gremio, y tras presentar un certificado de limpieza de sangre (árabes y judíos no podían ser plateros, y la actividad de los judíos venía a equivaler a la actual economía sumergida), se le asignaba un taller, donde ingresaba como aprendiz.

APRENDICES Y PRIVILEGIOS

Al parecer, estos aprendices vivían en la casa del maestro, y no hay constancia de que existiera relación contractual alguna. Los aprendices han seguido existiendo en Córdoba hasta el siglo XX, concretamente hasta que la Seguridad Social obligó a los empresarios a su contratación.

Los aprendices que aparecen con el arzobispo San Eloy en una lámina del libro "Recibimiento de discípulos" llevan peluquines y casacas en lugar de trajes de artesanos para poner de manifiesto el alto rango de la profesión.

Los plateros, por el hecho de serlo, se consideraban y eran considerados nobles. Sus mujeres podían utilizar sedas para vestirse en los siglos XVI y XVII, cuando cada estamento social se diferenciaba también por su vestimenta, y a los hombres se les daba el privilegio de poder tener su escudero. Sin ser necesariamente poseedores de grandes fortunas, pues también hay documentos de los siglos XVIII y XIX en los cuales plateros pobres solicitan alguna ayuda, sí manejaban capitales y tenían una buena posición social.

Al igual que todos los gremios, el de plateros era fuerte, a lo que se añadía el carácter artístico de la profesión. En Córdoba se crea escuela después de Enrique de Arfe (el hombre que realizó la custodia de la Catedral), y este orfebre hablaba de sí mismo como de "un escultor de plata y oro". Antes eran plateros completos, artistas que trabajaban con el oro y la plata, sabían química, dibujo, y sus creaciones requerían a veces conocimientos de matemáticas o arquitectura.

Así vista la profesión, no es extraño el férreo control del gremio a sus miembros para impedir que labraran plata que no fuera de ley para mantener el prestigio y la calidad. Un platero que faltaba a las leyes de la plata era expulsado del gremio, despojado de su punzón y se le prohibía el ejercicio de la profesión.

Sólo en los años de la crisis del siglo XVII cambiaron estas normas, y llegaron a elaborarse magníficas custodias, y otros fabulosos trabajos, pero en latón en lugar de plata. Con esta excepción, la Congregación de plateros fue muy rigurosa al controlar la calidad. El gremio de Córdoba tuvo sus prerrogativas, y los plateros podían ir a vender fuera del tiempo de las ferias a otras ciudades, pese a la oposición de los malagueños. La plata venía de América, y los encargos de toda España y otros países. Bartolomé Montoya ha demostrado que en Oceanía se han encontrado piezas con punzones de Córdoba, además de en toda América y países de Europa. La industria se desarrolló, y los artesanos cordobeses se adelantaron a su época al acercarse a la producción en serie. Después de Bernabé García de los Reyes y su yerno, el famoso Damián de Castro llegó a inventarse un estilo, y raro es el tesoro de cualquier Catedral que no tenga piezas de plata cordobesa, como afirma Ortiz de Juárez.

LAS CALLES DE LOS PLATEROS

Mantener ese prestigio exigía una rigurosa inspección en los talleres. Eso puede haber motivado la concentración del gremio en determinadas calles de la ciudad. Las Ordenanzas que el rey Felipe V dio a la platería en Córdoba en 1746 determinan un polígono de calles donde debían establecerse los artesanos, y prescriben multas para los infractores. La zona era la marcada desde la plaza de las Tendillas, hacia Jesús María, Rey Heredia, Cardenal González, Lucano, Don Rodrígo, Cinco Calles, San Andrés, San Pablo y calle Alfonso XIII para llegar de nuevo a las Tendillas. Una zona amplia pues.

Pero donde había cientos de plateros era, sobre todo, en las calles Cardenal González, en la de la Cara y hacia la plaza de las Alhóndigas. Córdoba ha sido toda de plateros, pero actualmente donde hay un número más elevado es en el barrio de Cañero y en torno a San Andrés, San Lorenzo, Puerta Nueva, La Magdalena, etc.

Durante siglos, la sociedad se ha ido amparando en la Iglesia, y era la parroquia de San Francisco la que acogía al gremio de los plateros. Allí convergía una clase social en la que los mismos apellidos se repetían en las listas de orífices a lo largo de generaciones, y los hijos de los plateros tenían privilegios a la hora de pasar los exámenes de acceso, incluso cuando en 1750 se acordó restringir durante doce años el ingreso de nuevos plateros, decisión que a duras penas se cumplió durante el primer año.

En la Iglesia de San Francisco tenía la Congregación de San Eloy el altar del Santo. Allí se celebraban, como actualmente, las misas el 1 de diciembre en honor del patrón, se ayudaba a las viudas, se hacían donativos y se enterraban sus muertos. Los plateros tienen por patrón a San Eloy y a la Purísima Concepción, y jamás formaron hermandades de Semana Santa, aunque participen particularmente en las mismas. La Cofradía de San Eloy comenzó en el siglo XVI con reglas de carácter religioso y asistencial independiente del gremio. Con el tiempo, ser cofrade y haber aprobado el examen de ingreso llegó a ser lo mismo, y en 1746 la Cofradía pasó a llamarse Congregación y Colegio del Arte de la Platería; en 1864 se le denomina -según Dionisio Ortiz Juárez- Ilustre Colegio de Plateros de Córdoba, y en 1930, antes de su disolución, Gremio de Fabricantes Orífices Plateros.

LAS MUJERES EN LA PLATERIA

De forma paralela a la profesionalización de la cofradía, surge una sociedad de carácter asistencial, la Asociación Mutua de Plateros, fundada en 1868 y que hoy subsiste como Sociedad de Plateros. Con el dinero que la Sociedad consigue de las tabernas de su propiedad, financia una importante labor benéfica, que hoy día se mantiene en forma de ayudas a los ancianos y prestaciones médicas a sus asociados. Esta Sociedad admite a plateros con cinco años de oficio. Las mujeres no pueden asociarse ni tampoco se benefician de sus prestaciones, de acuerdo con la tradición.

Sin embargo, las mujeres cordobesas, que tradicionalmente han destinado sus ahorros a la adquisición de joyas, también han formado parte activa en esta profesión.

Hay que reseñar su trabajo en los talleres familiares, donde padres e hijos labran las piezas y ellas las pulen. Han existido y existen mujeres plateras en Córdoba, especialmente las dedicadas a la prestigiosa filigrana, y hasta hace veinte años, existían talleres con más de cuarenta mujeres trabajando en este arte. Desde antiguo, las viudas de los joyeros tenían derecho a seguir utilizando el nombre y punzó de su marido, manteniendo la clientela que el prestigio de aquél hubiera conseguido.

MODERNIZACION Y TRADICION

Del trabajo en los pequeños talleres familiares se ha pasado, a lo largo de los siglos, a la especialización. La Congregación o Colegio de Plateros cordobeses fue perdiendo su importancia cuando llegó la libertad de industria y desaparecieron sus facultades controladoras del acceso a la profesión. En 1936 fue disuelta por la autoridad militar, y sus integrantes pasaron a los sindicatos verticales para independizarse en la década de los sesenta creando el Gremio Autónomo Sindical de Joyeros y Plateros. En 1976 se fundó la actual Asociación Provincial de Joyeros, Plateros y Relojeros de Córdoba, que se encamina a la defensa de sus intereses y a la proyección de sus productos al exterior, encontrándose de nuevo la unidad en el sector.

Van quedando atrás los años difíciles, cuando los plateros, por la escasez de trabajo, tenían costumbre de dedicar los lunes a salir de "Perol" para descansar del descanso dominical. Quedan también atrás los talleres insalubres, que propiciaban entre los plateros enfermedades de los bronquios al estar en una misma habitación los ácidos, el soldador y los empleados trabajando. Ahora se añade la mecanización a esta profesión, y deja de existir -al menos de forma generalizada- el "platero completo", para pasar a la diversificación de las funciones. Así, en Córdoba coexisten plateros, engastadores, cinceladores, fundidores y grabadores con el sacador de fuego, y los mayoristas ocupan el mercado.

Córdoba, famosa por su piezas de orfebrería y platería, destaca ahora por su mayor número de joyeros. Distingue entre el que hace las llamadas "piezas de masonería" (candelabros, copones, etc.) y el orífice, que crea joyas de metales nobles, trabajando más el oro que la plata. No obstante, Córdoba seguirá siendo ciudad de plateros.

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